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viernes, 19 de noviembre de 2010



Memorias ( II )


" Creer o no creer "


…. Abrumado por un coloquio ininteligible de rezos y crucifijos, escapé de Dios, renegando de su existencia. Era mi primera vez.
Tenía apenas 9 años y lo hice burlando estrictas normas y trepando la verja de la escuela. Nada más poner los pies en la calle, la vi a Ella asomándose por el patio de juegos que yo acababa de abandonar. Creí que se trataba de un ángel. (Admito que todavía llevaba mi corazón en la mano). Entonces, volví a trepar la verja para hacer el viaje de vuelta, con la idea de convencerme si la muchacha era real o si, por el contrario, la había imaginado. Antes de conseguir llegar hasta Ella, la perdí entre un centenar de cotonas marrones y blanquiazules delantales a cuadritos.
Frustrado, aunque persistente, me permití darle una segunda oportunidad a quien muchos llaman el creador de todo. Y le propuse un curioso intercambio de intenciones.
Una noche de viernes, pletórica de hechizos y peripecias, el jamás visto por alguien, me respondió con un guiño.
Pude besarla, con muchos nervios, bastante saliva y escasísimo talento. Desde esa noche, me propuse hacerme grande en ese arte, valiéndome del poco elegante recurso de espiar a los más grandes.
Pasados algunos días y ya puesto en los progresos de ese arte que ya sentía como propio, comprendí que el curioso intercambio había resultado la mar de beneficioso.
Y nunca me importó, una vez conseguido mi propósito de estar junto a la muchacha, cumplir con mi parte del curioso intercambio:
asistir durante semanas -meses incluso- a la misa de domingo….

(( C. O. Imberbe-promiscuo pensador greco-mexicano ))


( Claudio Olivos - Noviembre 19 de 2010 - San Miguel, Santiago de Chile )

jueves, 29 de mayo de 2008



"Tesoro perdido"

(VINCENT van GOGH - "Landscape with Pollard Willows" -Nuenen, The Netherdals, april 1884)


''Un día cualquiera, el niño hubo de esconder su más preciado tesoro. Lejos del ruido, muy cerca del lodo. Lo hizo de prisa. Con el talento propio de sus precoces ¡cuatro años!
Desde allí y encaramado en sus poco más de cien centímetros pudo divisar paisajes de ensueño que le embriagaron por completo; lo mismo siniestros precipicios que le llenaron de vértigo.
En un pasado remoto, llevando a la espalda treinta y tantos años y habiendo reprobado ciertas asignaturas -situación que le impedía graduarse de hombre- el niño que ya no era tal, pero que, de algún modo lo seguía siendo, debió agazaparse para husmear entre un yermo y contaminado páramo, pues, ajeno a ese contratiempo, le animaba sobremanera dar con ese preciado tesoro escondido hace tanto.
Al cabo de un tiempo inexacto, ya fastidiado y exhausto,
se dio por vencido. Ni cartógrafos, ni brújulas, ni catalejos -mucho menos las rutas memorizadas- le sirvieron de algo.

Piratas cibernéticos, forajidos supremos del capital, o, simplemente, majestuosas aves carroñeras rondando dicho páramo, resultaron ser más veloces o más astutas o más voraces.
Hoy, sentado en uno de los bancos que rodean los multicolores juegos infantiles de una céntrica plaza madrileña, y sin quitarle la mirada a una veintena de niños que van y vienen, que suben y bajan, que ruedan y caen, casi rompe a llorar. Le parece ver su preciado tesoro desperdigado en la arena. Está claro que no han sido ellos, se dice. Así es, se convence, no son ellos quienes lo han robado.


Es cierto, por muy revuelto que esté todo y por muy de moda que se haya puesto la precocidad, no hay registro alguno que mencione a niños robando a otros niños.... su ingenuidad...."



( Claudio Olivos - Febrero 15 de 2004 - Colonia del Gran Capitán, Madrid )