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martes, 15 de julio de 2008


" El Octavo Hijo "


(VINCENT van GOGH - "The Man is at Sea (after Demont-Breton)" - Saint Rèmy - oct 1889)

Lo ha parido. Al fin. Ocurrió hace pocos días. Tras frenéticos intentos y sonadas pérdidas, Doña Semana ha traído al mundo a alguien esperado por unos pocos: su octavo hijo.

No ha dudado en llamarle Córcoles. Menos dudas ha tenido a la hora de posicionarlo, de asignarle un sitio. Le ha llevado hasta el limbo, un sitio virgen, entre sus hermanos Domingo y Lunes....


Con la asignatura pendiente de reformar drásticamente la ocupación o utilidad futura de cada uno de sus hijos o, mejor aún, la de corregir la dispar proporción trabajo/descanso que ellos desempeñan en un lugar llamado sociedad, Doña Semana se ha permitido una especie de licencia con el último de sus vástagos y le ha dado la posibilidad de hacer con la gente lo que le plazca: llevarla de excursión por las grandes superficies; dejarlas en casa frente a una hipnótica caja reflectora o -y esta es la idea que más seduce a Córcoles, el retoño- llevarlas a los parques y plazas, tumbarlas sobre el césped y llenarles el rostro de cielo. De puro cielo. ¡Sí señor!

(Y convertirlos en rostros inolvidables.... Como el de aquella mujer que se hace llamar “Aytiritas”....)
Así es: la principal consecuencia de la llegada de Córcoles es ver a madre e hijo adscritos a un sólo propósito: enseñarnos a coleccionar calendarios con la sabiduría de un viejo.... O, lo que es igual, que dejemos de contarlos como hasta ahora: con la prisa de quien se duerme un Domingo, despierta un Lunes y se muere un Miércoles....

( Claudio Olivos - Julio 15 de 2008 - Madrid )

Nota: la "responsable" de esta entrada es ella. Se hace llamar "Aytiritas".... Y es verdad: si bien la he visto apenas una vez, puedo asegurar que lleva la cara repleta de cielo. Como cuando la abordé con mis poesías....
Fue instantánea, categórica. Apenas leyó el "¿Por qué la semana se niega a parir su octavo hijo?" exclamó: ¡Córcoles! Si naciera.... se llamaría Córcoles. Así lo dijo. Con una sonrisa esdrújula. Y me lo obsequió. De modo que, gracias a su generosidad he profitado de su genial ocurrencia....
Algo me dice que la jovencísima mujer, con el paso de los años se convertirá en una de esas viejitas sabias. Una de esas que, a la hora de morir, seguro querrá hacerlo un Córcoles cualquiera....

domingo, 1 de junio de 2008



"Sin aliento"

(VINCENT van Gogh - "The Dance Hall in Arles" - Paris, december 1888)


Sentado a las afueras del Teatro de La Latina, te esperaba, como suele ocurrirme, ("¿dejarás alguna vez de llegar tarde?") con larga media hora para el inicio de la obra por delante. Mataba el tiempo sin quitarle la vista a quienes por allí transitaban. A los pocos minutos, hube de cambiar la rutina de mi ejercicio mata-tiempo debido a la llegada de una pareja de veinteañeras que, sin mayor remilgo, se sentaron a mi vera. Apoyado en un vidrio y con la oreja pegada a su animada charla, conseguí hacer más llevadera la espera. Hablaban sobre dramaturgia. Debatían acerca de ese sempiterno dilema: teatro clásico o teatro moderno. La morena, que defendía con pasión los méritos del clásico, se entusiasmó citando obras y autores, tanto españoles como del resto de Europa. La lista era tan abultada que llegué a marearme. La amiga, una rubia muy oxigenada, intentaba, con poco éxito, defender la otra cara del teatro, la más próxima a la gente normal, según sus palabras. Decía que el teatro continuaba vivo únicamente gracias a lo contemporáneo, a lo moderno; gracias a las historias simples y cercanas a todos; gracias, resumía, a los taquillazos. Como esa obra a estrenar en La Latina y que se disponían a disfrutar en compañía de sus chicos. (Y yo de la tuya, en tanto hicieras el favor de llegar).
La morena acusó el golpe y, de una manera que me pareció muy elegante, (una manera que me hizo sonreír sutil y solidariamente) le rebatió a través de un par de anécdotas con las que quiso dejar muy claras dos cosas: el porqué era una defensora a ultranza del teatro clásico y lo muchísimo que la quería como amiga. La chica resumió dichas anécdotas con una gran dosis de pragmatismo y una pizca de mala leche.
-Mira Pilar.... -le dijo- La primera vez me aseguraste que la obra era graciosísima.... A los 5 minutos no podía con la angustia. Y la segunda –continuó, cogiéndola por el cuello- me juraste que era melancólica y emotiva….
-Lo era…. –arguyó la amiga con tono abatido.
-Y casi me meo de risa.... –la interrumpió la morena- Al punto que por poco me corren.
-Bueno, tía.... -se defendió la rubia platino- Tampoco te pases. Ya verás cómo con la de hoy acertamos un pleno.
La aparición de sus chicos me privó de seguir el desenlace de aquel debate. Debate que las chicas continuaron puestas en pie y casi sin tomar en cuenta a los recién llegados.
-Es que te pasas, Rosario.... -reclamó Pilar- Eres demasiado exigente.
Al cuarteto lo perdí de vista durante unos minutos hasta cuando me paré y los vi, al otro lado del vidrio, ya dentro del recinto. El histrionismo de ambas y las caras de circunstancia de los muchachos me hizo suponer que seguían forzando el desempate.
En ese momento ("el momento en que por fin llegaste") recordé la frase de una gran libre pensadora de genes transilvánicos, nacida y reformada en distintas clínicas europeas, que hace nada dijo: "el teatro es como la droga; si lo dejas un momento, te falta el aliento". Además de inconmensurable y en cierto modo cierta, (por el lado de las drogas, se entiende) me pareció una frase de lo más oportuna.... Por dos cosas:
Primero, pude saludarte ensayando una fingida y graciosa resignación. Y segundo, al recordar las místicas palabras de la Pataky y asociarlas con los argumentos de la morena, te propuse un ocurrente cambio de planes:
-Hace un rato dos chicas me soplaron que no malgastásemos la pasta porque la obra es uno de esos tostones infumables….
Y sin tomar aliento, -como no podía ser de otro modo- agregué:
-Antes de irnos de aquí, ¿nos hacemos un porro?




( Claudio Olivos - Mayo 31 de 2008 - Paseo Imperial, Madrid )


jueves, 29 de mayo de 2008



"Tesoro perdido"

(VINCENT van GOGH - "Landscape with Pollard Willows" -Nuenen, The Netherdals, april 1884)


''Un día cualquiera, el niño hubo de esconder su más preciado tesoro. Lejos del ruido, muy cerca del lodo. Lo hizo de prisa. Con el talento propio de sus precoces ¡cuatro años!
Desde allí y encaramado en sus poco más de cien centímetros pudo divisar paisajes de ensueño que le embriagaron por completo; lo mismo siniestros precipicios que le llenaron de vértigo.
En un pasado remoto, llevando a la espalda treinta y tantos años y habiendo reprobado ciertas asignaturas -situación que le impedía graduarse de hombre- el niño que ya no era tal, pero que, de algún modo lo seguía siendo, debió agazaparse para husmear entre un yermo y contaminado páramo, pues, ajeno a ese contratiempo, le animaba sobremanera dar con ese preciado tesoro escondido hace tanto.
Al cabo de un tiempo inexacto, ya fastidiado y exhausto,
se dio por vencido. Ni cartógrafos, ni brújulas, ni catalejos -mucho menos las rutas memorizadas- le sirvieron de algo.

Piratas cibernéticos, forajidos supremos del capital, o, simplemente, majestuosas aves carroñeras rondando dicho páramo, resultaron ser más veloces o más astutas o más voraces.
Hoy, sentado en uno de los bancos que rodean los multicolores juegos infantiles de una céntrica plaza madrileña, y sin quitarle la mirada a una veintena de niños que van y vienen, que suben y bajan, que ruedan y caen, casi rompe a llorar. Le parece ver su preciado tesoro desperdigado en la arena. Está claro que no han sido ellos, se dice. Así es, se convence, no son ellos quienes lo han robado.


Es cierto, por muy revuelto que esté todo y por muy de moda que se haya puesto la precocidad, no hay registro alguno que mencione a niños robando a otros niños.... su ingenuidad...."



( Claudio Olivos - Febrero 15 de 2004 - Colonia del Gran Capitán, Madrid )