Mostrando entradas con la etiqueta Crisis Económica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crisis Económica. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de enero de 2013


" La Internacional 
versus 
Una Trasnacional "



.... Vale que el Acto Pro-Cuba llevado a cabo la tarde-noche de ayer lunes, a las afueras de la estación Baquedano del metro, junto al busto en memoria a José Martí resultó ser -según pude presenciar- selectivamente multitudinario: colorido, bullicioso y festivo a ratos. Emotivo y muy político casi todo el tiempo.... No en vano, el Natalicio número 160 del insigne poeta, pensador y político isleño y la presencia del presidente cubano Raúl Castro en esa armatoste política llamada Cumbre, eran motivos más que suficientes para asistir a dicho evento....

Es eso lo relevante, -diría cualquiera-, ciñéndose a lo políticamente correcto.... Citar consideraciones o calificativos opuestos, incluso ciertos matices, entrarían dentro del terreno de lo anticastrista, de lo "fachas" y, en verdad, no es ese mi caso.

Sin embargo, me declaro incapaz de pasar por alto un nimio, acaso pintoresco, posiblemente anecdótico detalle:

-¡Hay que ver cómo me jodió ver a unos cuantos entonando las nobles y reivindicativas estrofas de La Internacional, al tiempo que refrescaban el gaznate con una imperialista y "refrescante" Coca-Cola....!



( Claudio Olivos - Enero 29 de 2013 - Puente Alto, Santiago de Chile )


martes, 22 de mayo de 2012



" Utopías "


( * MENSAJE 21 de MAYO - SEBASTIÁN PIÑERA )



"Sr. Presidente: 

no es que yo espere demasiado de usted,

 precisamente.... 

pero, si de pedir se trata(ba), 

hubiese deseado anunciase

el fin del Sistema Capitalista, 

por ejemplo...."



(( Habrá que seguir esperando.... ))


( Claudio Olivos - Mayo 21 de 2012 - Santiago Centro, Santiago de Chile )


martes, 22 de noviembre de 2011



20-N :

"Polvos y (des) agravios de Domingo" 


(( Algunas de las cabezas más visibles del Partido Popular Español, celebrando su arrolladora victoria en las Elecciones Generales de ayer domingo 20-N.... )) 


Llevaban a la espalda el saldo de una jornada agotadora y frustrante. Nada demasiado distinto a lo que venían padeciendo últimamente. Ignorando el ascensor y, escaleras mediante, subieron hasta la tercera planta. A ratos casi corriendo; a ratos deteniéndose para prodigarse alguna carantoña. Lo hizo Teresa, por ejemplo, en el primero de los rellanos, cuando mordió la oreja izquierda de su compañero para susurrarle: 

-¿Has sacado la cuenta del tiempo que llevamos sin hacerlo? 

Vicente desató el nudo del pañuelo y atacó, como solía hacer, ese delgado cuello que de solo rozar, lo empalmaba instantáneamente. Luego, la cogió con fuerza por la cintura y se arrimó a ella como queriendo responder a esa pregunta con el mástil de su cintura. La maniobra le permitió ganar un peldaño, el exacto para disfrutar del rostro extasiado de Teresa, alumbrado por un tenue halo de luz del patio interior que se colaba por el alféizar de una ventana y que disimulaba la penumbra del pasillo. 

-Demasiado –le dijo, clavándole la mirada y sonriendo con cierta malicia-. Desde esta mañana… 

Besándose y subiendo a tientas las escaleras, rememoraron el desayuno de aquella otoñal mañana de domingo. Gris, gélida y desapacible mañana de noviembre. Desayuno frustrado, al fin y al cabo: con los cafés que se quedaron sin endulzar y una tostada con mermelada –la primera, la única- untada torpemente por Vicente. Y con esa tostada yéndose al piso. Y con las cabezas y brazos bajando al unísono a recogerla. Y con las miradas hambrientas colisionando. Y con los pijamas sacudidos, abandonados sobre la alfombra. Y con sus cuerpos desnudos, desfogándose en la tibieza del mullido y viejo sofá… 

-Menudo comienzo de jornada, amor mío –le dijo ella a él, al tiempo que intentaba, sin éxito, introducir la llave en la ranura-. Y cómo se ha torcido todo con el paso de las horas… 
-Ya ves –atinó a decir él, preocupado principalmente de aflojar los botones de la blusa de Teresa-. Nunca llueve a gusto de todos… 

Entraron al piso sin encender las luces. Vicente tardó escasos segundos en despojarla de todo aquello que cubría vientre y ombligo, pechos y pezones. Ella le quitó las ropas con su pericia habitual; retrocediendo, hasta caer, atados, sobre el mullido sofá. El frío les erizó la piel y buscaron, en el sexo del otro, el calor que los hiciese inmunes a los inoportunos temblores corporales. 

Era casi medianoche. 

Vicente la embistió con inusual violencia. Ella se dejó hacer sin más. Nada se dijeron, y, si bien la oscuridad era casi total, jamás se dejaron de mirar a la cara. Teresa viajó por los avatares del movimiento social del cual se hicieron parte activa desde mediados de mayo. Vicente fue mucho más allá de la pasada primavera y viajó hasta el fatídico momento en que la precariedad de la economía le obligó a dejar la Complutense dos veranos atrás. Durante minutos que transcurrieron en un silencio condimentado por el traqueteo del viejo sofá, ella echó a llorar sin quererlo. Recordó esa muchedumbre que fue creciendo en torno al “Kilómetro Cero” madrileño; se emocionó con la lectura de esas pancartas y lienzos que se le hicieron inolvidables; contrajo su cavidad de mujer cuando le pareció oír la voz de Vicente en torno a un corro de ciudadanos anónimos adscritos a uno de los tantos debates en que participaron, y se mordió los labios, y soltó un breve chillido, al ver venir las odiosas cargas policiales. Él recordó ese gris mediodía de septiembre de 2009, despidiéndose del jefe de carrera mientras apuraban un amargo café junto al ventanal del casino; y -tal como hacía Teresa en ese preciso instante- se echó a llorar al verse tumbado sobre el césped de uno de los patios de la Facultad de Derecho y ser rescatado, horas después, por la vital sonrisa de Teresa y su optimismo irreductible.  
La embistió todavía con más fuerzas recordando las pellejerías pasadas en dos años de múltiples, fugaces y mal pagados curros que lo convirtieron en pluriempleado inobjetable e inestable a partes iguales. Entonces, sus lágrimas se hicieron más gruesas y cuantiosas; y mojaron el rostro de Teresa. Ella no hizo tal de esquivarlas y comenzó a beberlas. Ambos, entregados a esa variante del sexo, parecían adivinar el motivo del llanto del otro. Permanecieron así, inmersos en ese pacto de silencio. Un pacto de debutantes treintañeros amándose. Teresa volvió con su memoria a la reciente jornada dominical de elecciones; al momento en que, furiosa y coherente, depositó su papeleta en la urna. Vicente, sin embargo, viajó al futuro inmediato; hasta la noche del lunes 21 de noviembre y a las muchas horas que debía echar –a razón de 5 € por cada una- bajando y subiendo materiales; armando y desarmando proscenios en La Casa Encendida. Y se quedó en ello hasta que eyaculó, cual explosivo en detonación, rodeando el cuerpo de Teresa con un abrazo de quebrantahuesos. Ella lo besó tiernamente y, de paso, se hizo con la luctuosa salinidad que inundaba el rostro de Vicente. 

Al cabo de un rato, Teresa se incorporó y con un gesto característico en ella, lo invitó a sentarse a su lado. Abrió su morral y encendió un cigarrillo, el último de la caja. Dio una calada profunda y rabiosa.
 
-¿Los oyes? -dijo por fin, pasándole el cigarrillo a su compañero… 

Vicente asintió moviendo afirmativamente la cabeza. Dio dos caladas casi consecutivas y de ambas se tragó todo el humo. Lo hizo ignorando la angustia que provocaba en Teresa ese mal hábito suyo. Miró con pesar hacia la ventana e hizo que su mano libre se perdiera en la cabellera de su compañera. Volvió a dar dos caladas. Volvió a tragarse el humo. Como la vez anterior, no hubo reprimenda.
 
En la calle, una estentórea caravana, a los gritos de “Mariano, Mariano….” y una sostenida traca de pullas dedicadas a “los rojos”, a Zapatero y al PSOE, constituía la carta de presentación de una tétrica etapa que no hacía más que comenzar



Teresa se estremeció por una rara sensación interna. Algo que bajó hasta sus labios acuosos, todavía palpitantes. Se tocó con sus dedos y se olió. No tuvo dudas.
 
-¿Sabes? –le dijo, quitándole el cigarrillo-. Este mes tampoco seremos padres. Ya es casi un año intentándolo.
 
Vicente la besó en la frente. Se hizo de nuevo con el cigarrillo y dio una calada; esta vez plácida y, a diferencia de las anteriores, contundente. Retuvo el humo y aguzó el oído para escuchar con nitidez el incesante ruido venido desde la calle. Y no pudo sino proyectar plomizos fotogramas que lo espeluznaron entero. Echó la cabeza hacia atrás y, al tiempo que por el rabillo del ojo miraba ese delgado cuello que de solo rozar, lo empalmaba instantáneamente, expulsó con fuerza el humo. Acto seguido, apagó el cigarrillo. 

Después, con una maniobra elocuente, recostó a Teresa en el viejo sofá. Besó su vientre, lamió su ombligo, besó sus pezones y la penetró delicadamente. Ella sonrió sin hacer amago alguno por interrumpir los estragos de la sangre. Cuando Vicente rozó el húmedo fondo, buscó el rostro, la deliciosa sonrisa de su amada compañera y le dijo:
 
-Y no imaginas cómo me alegra que no lo seamos… 



( Claudio Olivos - Noviembre 21 de 2011 - San Miguel, Santiago de Chile ) 

miércoles, 11 de junio de 2008








" Sistemas de Juego "


Lo diré alto y claro:
Alto: ¿Es que no sois vosotros quienes habéis votado por la sugerente perpetuidad de este sistema?

En verdad, no lo entiendo. Banda de hipócritas. Rebaño de calzonudos. Azote de imbéciles.

Y claro: Así, cualquiera resuelve la incógnita de la ecuación. Ello porque la puta ecuación ya no es simple. Es simplista. Y rezuma aquello que tanto abunda. Egoísmo en forma de espuma desbordando el me cago en la leche.
Y cualquiera, con dos dedos de frente, es capaz de explicarla. Pero es políticamente incorrecto y, en lo económico, poco y nada rentable. Por eso, nadie lo hace.
Gentilmente, me ofrezco. Llevo tiempo dándome cuenta y, en cierto modo, mordiéndome la lengua....


Constructores (en lo más alto y fétido del honorable podio), terratenientes, pescadores y algún fichaje galáctico de última hora. Por ejemplo, camioneros (eufemísticamente llamados transportistas; capaces de complotar y derribar al más virtuoso y ejemplar de los ensayos democráticos.... ¿Os enteráis Kissinger, Pinochet, Onofre Jarpa y patronales varias...?)
Inmerso en esta convulsa semana ibérica, procurando mantener el tipo y atento a lo que se hace y lo que se deja de hacer, me permito ser más concreto:

En tiempos boyantes, estos nefastos especímenes, amparados en el favor político, en la irrisoria probidad, en la virtud acaparadora.... y ubicados en sus herméticas tribunas hacen de forofos irreductibles , ruidosos como el que más, -al estilo del vago ese del bombo-, gritando, celebrando a todo pulmón cada conquista, cada victoria de la niña mimada: la Economía de Libre Mercado. Manifestaciones a gran, a mediana, e incluso, a pequeña escala. Felices, eufóricos, haciendo piña, revolcándose en el salvaje y enlodado escenario que todo ello propicia.
No obstante, apenas se tuercen las cuestiones más domésticas de esas curiosas reglas del juego, en tanto algo o alguien les aborta sus manidas filigranas, sus jugadas de laboratorio, miran, primero de reojo, ya luego descaradamente al juez de la contienda. El mismo sujeto al cual demonizan insistentemente. El mismo ente al cual le hacen verónicas como a la peste.

Adivináis. El ESTADO. El malo de la peli. El represor. El corrupto. El ineficiente. El indeseable....
Y estos caraduras no se conforman con mirarle. Ni con pedirle que amoneste, que expulse a la circunstancia, al azar, al natural devenir de las cosas. No, nada de eso. Con esa cara que les sobra y que les caracteriza, después de profitar de sus merecimientos, después de ocultar el fulgor de sus trofeos en las Islas Caimán o en cualquier paraíso fiscal, tienen el descaro de amedrentarle.... Intentan sobornarle primero, al no conseguirlo, después lo chantajean. Algún osado no duda en agredirle, confiado en ser indultado tras la benemérita mediación de los Tribunales de Justicia, tan acertados o erráticos éstos, como el más listo o miope de los jueces de línea.

Así funciona esto. Como el chaval que, de domingo a jueves manda a tomar por culo a sus padres, pero que, llegado el finde, casual y milagrosamente, se vuelca hacia ellos, todo afecto, todo cariño (de lo más desinteresado, qué duda cabe) y les estira la mano seguro de merecer la más alta de las gratificaciones en forma de prima.

Aquí, tanto en la España Octava Potencia Económica Mundial como en la España Profunda, la culpa es de Zapatero. Por supuesto. Zapatero cincelado en forma de Estado. Demonio frívolo, sonriente, relajado. ¡Que malo eres José Luis! ¡Qué injusto eres con estos adalides de la sociedad! ¡Con estos precursores del Fair Play! ¡No hay derecho! ¡Qué cabroncete con la derecha! ¡Rojo guindilla!

ZP es el padre. Y la señora De la Vega, (por acusar a alguien) la madre. Y cualquiera de estos Hijos de la gran Puta, es ese chaval, devenido a vástago.
Muerta o desaparecida la Gallina de los Huevos (que no cojones) de Oro y enmierdados los papeles del decoro, (¡qué versazo!) el asunto que trato, toca cumbre y rompe a España. (Y no en dos como profetizan algunos; ni en diecisiete según los más persuasivos).
Esta vez rompe a España sobre el asfalto. En forma de masivo piquete o escuálida despensa.
Sí, dicho sea alto y claro.

Lo hace en forma de burdo terrorismo, dinamitando sin asco al de al lado. Lo hace en forma de chaval doctorado en finanzas, malagradecido con matrícula de honor.
Y lo peor de todo:
incapaz de finiquitar su artera jugada con alguna filigrana, lo hace marcando gol ya con la espinillera, ya con el culo, ya con la cara.
Con esa dura cara....

( Claudio Olivos - Junio 11 de 2008 - Paseo Imperial, Madrid )