Cachureando, cachureando.... Cachureando en diversos ciber-lugares me he encontrado con una serie de imágenes, discursos, declaraciones, textos.... que hacen referencia a la Conmemoración (que no celebración) del Centenario de la Matanza en la Escuela Santa María de Iquique.
Hace poco me preguntaban por aquellas cosas que despertaban mi nostalgia. Una pregunta de esas, además de ser difícil de responder, tiene la gracia de permitirte, en este caso, conectar con todo aquello que verdaderamente añoras. Recuerdo que la pregunta me la tomé muy a pecho. Enseguida decidí que no respondería cualquier cosa, ni mucho menos a la ligera.
Mi nostalgia por Chile es muy específica, muy puntual. Y no es nostalgia del concepto Chile. No, nada de eso. Es nostalgia por pedacitos de Chile.
En el listado que mencioné, aparecieron (imágenes imaginadas incluidas) lugares del tipo Barrio Bellavista, La Casa en el Aire, Cocinerías de La Vega, La Piojera, el Parque Forestal, el Cajón del Maipo, Isla Negra, Valparaíso…. entre otros. Y quedé conforme con mi respuesta. Eso sí, con un nudo tremendo en la garganta.
Y hoy, a propósito de este centenario, he ido más allá del nudo en la garganta y me he echado a llorar como todo un hombre. (Al punto que hube de pararme un rato en la ventana, pa’ calmarme un resto, como diría cualquiera de mis amigos por allí dejados). No explicaré el porqué del llanto, primero por lo largo y por último, por lo predecible….
Sí explicaré lo siguiente, que es, ni más ni menos, el motivo de la entrada:
Debo reconocer que la cagué medio a medio con la respuesta de entonces. Y no, no se trata de haberme equivocado de lugares. Ni se vaya a pensar que me dejé en el tintero Zapallar, Reñaca o Vitacura. No. Son los que dije en esa ocasión y punto.
La cagada tiene que ver con algo más conceptual que físico. Y no por eso deja de ser menos cagada… Ocurre que olvidé mencionar algo que verdaderamente añoro. Algo que me causaba añoranza incluso estando en Chile, cuando por razones de cualquier tipo (económicas, geográficas….) me quedaba al margen de ellas. Me refiero a los actos, a los homenajes, a los conciertos, a las marchas.
Lamenté profundamente no haber estado en el acto organizado por la Coordinadora Nacional de Conmemoración de la Masacre en la Escuela Santa María de Iquique. Con las fotos de Camilo Carrasco (loable trabajo) mi nostalgia se disparó con tal virulencia que pareció traspasar el gran charco y pareció posarse en las inmediaciones de la Plaza Italia, él último de mis barrios. (Tan significativa fue la situación que sentí una especie de cosquilleo, incluso, al ver en una de las fotos un altísimo lateral del edificio de la Telefónica. Pero no, no es que añore, ni cosa que se parezca, a esos hijos de la gran puta). Me emocionó el hecho de ver a tanta gente comprometida con la conmemoración de un hecho histórico que muchos otros, a pesar de sus afanes, han sido incapaces de desterrarnos de la memoria.